Pan recién horneado, un nuevo libro, café recién hecho… Existen ciertos aromas que despiertan en nosotros emociones positivas, uno de ellos es el de la tierra mojada, ¿por qué?

Una tarde de otoño, un cielo gris, las nubes acechando por la ventana y el dulce aroma de la tierra mojada… Existe una conexión directa entre el olfato, el cerebro y las emociones. El bulbo olfatorio de nuestro cerebro está directamente conectado al sistema límbico y a la amígdala, que modulan las emociones.

La causa de nuestra atracción por el olor a tierra mojada es bastante compleja y en ella se entremezclan razones genéticas, culturales y personales. El principal motivo del gusto por este aroma lo encontramos en nuestros ancestros. Para ellos, el olfato era un sentido especialmente importante, que les garantizaba en muchas ocasiones la supervivencia.

El olor a tierra mojada está formado por el preticor, suave y dulce, que emana de las piedras, y la geosmina, más fuerte, y que emana de las plantas y de la tierra húmeda. Para nuestros antepasados, estos dos aromas eran sinónimo de vida y alimentos. Indicaban que venía la lluvia, que se acababa la sequía, renacerían las plantas y se incrementarían sus posibilidades de sobrevivir. De ahí que en nuestro código genético este aroma esté relacionado con emociones positivas.

 

Imagen: Frederic Mancosu

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