El proyecto de salvación involucrando a un rey.

En primer lugar, David era un ciervo devoto de Jehová, a quien había aprendido a amar sin reservas, había realizado hazañas espectaculares, a favor de que el pueblo al que pertenecía, tomara conciencia de quién era el Dios que les protegía. La batalla contra el gigante Goliat, lo hizo famoso por todas las edades, sin embargo, no era orgulloso, no era vanidoso, no lo hacía  para vanagloriarse porque luchaba en nombre de Jehová su Dios, además era el más prolífero e inspirado escritor de salmos de alabanza, logrando que, en apariencia, uno de sus salmos más sencillos fuera conocido y recibido con fervor por millones de personas, hablamos del Salmo 23. Otra de sus grandes hazañas fue la captura de la ciudad de Jerusalén, desalojando de ella a una tribu, no deseada.

No nos extrañemos de que Dios, después de haberle escogido como rey de Israel, desechando al anterior, Saúl, le prometiera la más grande bendición que podía recibir un ser humano, que su descendencia ostentara el cetro eterno.

Vale preguntar, ¿en quién se cumple el pacto de Dios con David, y quién es el único rey que no dejó descendencia? Sin lugar a dudas en nuestro señor Jesucristo, quien es rey eterno.

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