Los aplausos tienen que producirse en el momento apropiado.

En un acto público, en el momento de aplaudir, no debemos confundir nuestro entusiasmo con una mala educación y una algarada desmesurada. En un concierto, es fácil que nos equivoquemos a la hora de aplaudir y lo hagamos antes de tiempo. Por ello, si no estamos seguros de que haya llegado el final de la interpretación, esperaremos a que los demás comiencen a aplaudir. Si los aplausos se prolongan y el intérprete decide ofrecer un bis, los espectadores volverán a sentarse y a guardar silencio.

En la ópera y en el teatro, cuando la representación es buena, es habitual que los aplausos se prolonguen hasta que los actores salen a escena para saludar a los espectadores. En el cine no es normal aplaudir, salvo que se encuentren presentes en la sala el director o algún actor de la película, como es el caso de algún estreno o sesión especial. En un acto público, en el momento de aplaudir, no debemos confundir nuestro entusiasmo con una mala educación y una algarada desmesurada. 

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