Con la llegada del buen tiempo la vitalidad y la energía se respiran en el ambiente, pero existen personas que no se contagian de este brío.

 Llega la primavera, el sol resplandeciente y la vegetación en su máximo esplendor nos despiertan del adormecimiento del invierno, sin embargo, a algunas personas la estación de las flores le produce justo el efecto contrario: debilidad generalizada. Esto es lo que se conoce como astenia primaveral, caracterizada por el decaimiento físico e intelectual, la falta de energía, una somnolencia excesiva, dificultades para concentrase, alteración del apetito… El cuerpo no se adapta adecuadamente a la trasformación que trae de la mano la primavera: aumento de las horas de sol, cambios en los niveles de presión y  humedad, mayor intensidad lumínica…

En la mayor parte de las ocasiones la astenia primaveral es un estado pasajero y al menos un 2% de la población padece astenia primaveral en algún momento de su vida, normalmente entre los 20 y los 50 años de edad y más frecuentemente en las mujeres que en los hombres.

 

Aun así, la astenia primaveral no es reconocida desde un punto de vista médico como un cuadro clínico y sus síntomas se asocian a otras enfermedades que puede que el paciente no sepa que padece, como trastornos respiratorios y alergias. La sobrecarga laboral y una dieta desequilibrada también podrían ser factores responsables de esta mini depresión primaveral.

 

Imagen: WarmSleepy.

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