Una vez aterrizados en Londres, o más concretamente, llegados desde algunos de los aeropuertos que asisten a la ciudad, acudimos al centro de la ciudad a dar los primeros paseos. Desde la plaza de Trafalgar, sale la gran avenida de White Hall.

Se llama así porque antiguamente se situaba allí el Palacio de Whitehall, arrasado en el gran fuego de 1698, causa principal por la que no se puede ver mucho del Londres anterior al siglo XVII en el centro. Esta avenida conecta Trafalgar Square con el Parlamento Británico. Nos detenemos en la explanada interior de la Horse Guards, la guardia ecuestre. En la misma explanada, un monumento regalado por el pueblo español a los ingleses en muestra de agradecimiento por la mano que echaron en la Guerra de Independencia, si no recuerdo mal. En un lado de la explanada, las ventanas del 10 de Downing Street, donde el Premiere Británico despacha a las visitas entre otras cosas.

Desde hace unos años, no se puede pasear por esa pequeña calle debido a las amenazas del terrorismo internacional, entre otros miedos.

Cerca podréis ver a James Cook, famoso marino británico, con tres viajes al Pacífico que seguramente hizo las delicias de científicos y demás. Londres está plagada de estatuas y monumentos que recuerdan glorias pasadas u honran a sus propios héroes. Hay que recordar que estos tipos han vivido las dos grandes guerras.

Fotos: Manuel González.

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