Los griegos la llamaban “Esplendor de las Montañas” y la que consumimos en el Mediterráneo, es la variedad picante de la Mejorana, otra planta aromática.

El orégano crece de forma silvestre, en cualquier sitio, ya que las condiciones que necesita para su crecimiento son mínimas. Lo podemos encontrar dando un paseo por el campo o como una mala hierba en nuestra huerta.

Es fácilmente reconocible por su olor, y por las florecitas de color violáceo y rosado. Se usa como condimento en toda la cocina mediterránea, pero son menos conocidos sus usos medicinales, mediante infusiones de hojas secas, para problemas digestivos y con un ramo fresco, calentado, para las dolencias musculares de espalda y cuello.

La leyenda dice que la primera planta de orégano la plantó la diosa Afrodita y a ella debe su fragancia. Es un remedio fuerte, por lo que no está recomendado su uso en menores ni en mujeres embarazadas. Las plantas duran más de dos años y se propagan por semillas, por lo que se encuentra fácilmente en cualquier suelo que tenga unas condiciones mínimas y son útiles sus hojas, secas para la cocina y frescas para sus usos medicinales.

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