Si eres de los que ven formas de animales en las nubes o rostros en los juegos de grifería, eres propenso a la pareidolia. Pero no te preocupes, no es grave.

La palabra pareidolia procede del griego, eidolon (figura, imagen) y para (junto a). Se trata de un fenómeno psicológico que consiste en una alteración perceptiva: un estímulo, generalmente poco estructurado, es percibido como una forma concreta y reconocible. Es decir, a partir de una mancha o una sombra, se perciben rostros, animales y otras formas definidas.

Jeff Hawkins, neurocientífico, explica este fenómeno a través de su teoría memoria-predicción: nuestro cerebro realiza predicciones en base a patrones almacenados en nuestra memoria. A lo largo de nuestra vida desarrollamos una lista de imágenes que siguen unos patrones con los que posteriormente clasificamos el mundo. Por ejemplo, tenemos almacenada en nuestra memoria la estructura de un rostro y, si vemos algo que se le asemeje, lo asociaremos a tal imagen.

Las asociaciones más frecuentes son con rostros, animales y símbolos religiosos y la pareidolia es un fenómeno contagioso: si una persona no es capaz de distinguir la forma de un solo vistazo, casi seguro que lo hará después de que le expliquemos qué tiene que ver y dónde.

 

Un caso muy famoso de pareidolia es el de la fotografía que se muestra a continuación:

Se trata de la “Cara de Marte”. En 1976, la sonda espacial Viking tomó esta fotografía, en la que se mostraba la superficie del planeta Marte y en la que muchas personas distinguieron un rostro.

 

Imágenes: Nottsexminer, thentoff, Martian Face.

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