El bostezo no es solo una señal de aburrimiento o cansancio.

¿Te has preguntado alguna vez por qué bostezamos? El bostezo, esa acción incontrolada de abrir la boca, esa acción que parece simple y automática, engloba en realidad complejos mecanismos cardiovasculares, neuromusculares y respiratorios.

El bostezo no es exclusivo de los seres humanos, todos los mamíferos bostezan, así como la mayor parte de animales dotados con columna vertebral. En torno al bostezo giran numerosas teorías y un bostezo puede tener multitud de significados: cansancio, estrés, aburrimiento, hambre o descomprensión psicológica tras un estado de alerta extrema.

 

Una de las hipótesis ha ganado fuerza tras un estudio realizado por el investigador Andrew Gallup, de la Universidad de Princeton (EEUU): la teoría de la acción termorreguladora del bostezo.

 

Esta investigación, publicada en Frontiers in Evolutionary Neuroscience y que contó con una muestra de 160 personas, ha concluido que la frecuencia de los bostezos varía en función de la estación del año. Bostezamos más en invierno que en verano, cuando la temperatura ambiente es igual o superior a la temperatura corporal.

El bostezo, por lo tanto, tendría la función de regular la temperatura de nuestro cerebro. Bostezamos cuando la temperatura del cerebro aumenta y el aire fresco que inhalamos a través del bostezo sirve para enfriar nuestro cerebro, de ahí que bostecemos menos cuando la temperatura del aire es superior a nuestra temperatura corporal, pues no sirve para nada e, incluso, puede ser contraproducente, podemos calentar más nuestro cerebro.

 

Imágenes: BenedictFrancis, Tommy Hemmert Olesen

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