Los tomates son frutos deliciosos y forman parte de nuestra alimentación y, por tanto, también de nuestra huerta ecológica.

Los tomates son frutos de verano y están asociados a la época estival por la gastronomía, a través de las ensaladas más variadas, gazpachos sabrosos, zumos…

Si queremos semillas propias e ir creando nuestra variedad local, tendremos que elegir el tomate de la cosecha que más nos guste, por su tamaño, precocidad, sabor, olor o colorido, textura, cualquier característica que nos guste y llame la atención y que queramos perpetuar y  reforzar.

Entonces, una vez elegido, abriremos por la mitad al tomate y extraeremos con cuidado las semillas, retirando, en la medida de lo posible la pulpa que tiene alrededor, y las colocamos en un folio o plato, en un lugar seco y sombreado, para proceder a su secado. Una vez secas, el aspecto de las semillas no es muy saludable, no son gruesas ni brillantes como otras, pero son válidas y contienen el germen de una planta que el próximo año nos regalará una gran cantidad de tomates.

Las guardaremos en un bote de cristal, en un lugar oscuro y las reservaremos hasta el mes de febrero, en el que haremos un semillero.

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