El vino se sirve por la derecha del comensal.

Cuando se sirve vino, la copa se llena a la mitad o dos tercios de su capacidad, pero nunca más, ya que hay que dejar sitio en la copa para que los aromas del vino se acumulen y podamos olerlos al llevarnos la copa a la boca.

La botella se sujeta de la mitad hacia abajo, pero nunca por el cuello ni por la parte de arriba.

Cuando servimos el vino, la botella no se apoya en la copa. Tampoco se sirve desde mucha distancia, como si lo estuviéramos escanciando. Lo ideal es colocar la botella a unos 5-7 centímetros del borde de la copa. Cuando terminamos de servir el vino hacemos un giro de muñeca y levantamos la botella para que el vino no gotee sobre la mesa.

Las botellas no deben apurarse hasta el final, ya que es normal que tengan posos.

Si no hay camarero será el anfitrión el encargado de vigilar las copas de los invitados. Cuando vea que las copas están vacías o con muy poco vino procederá a rellenarlas.

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