Llega el verano y con él la piscina, la playa y los paseos a pleno sol. Aunque cada vez es mayor la conciencia social de la necesidad de proteger nuestra piel de los rayos del sol, ¿renuevas la aplicación correctamente?

Seguro que alguna vez, a pesar de haber utilizado un fotoprotector, tu piel ha acabado con alguna quemadura después de un largo día de sol y playa. No es que el fotoprotector que compraste esté defectuoso, sino seguramente, que lo aplicaste por la mañana y sólo lo renovaste una vez por la tarde.

La teoría dice que el efecto fotoprotector de la protección solar varía en función del FPS. Éste valor nos indica el número de veces que la protección aumenta la defensa de la piel frente a las quemaduras producidas por la radiación solar. Así, cuanto más alto es el FPS, mayor protección brindará. Por ejemplo, un FPS 10 garantiza una protección total de 10 minutos, mientras que con un FPS 50 este efecto se prolongará hasta alcanzar 500 minutos.

Ahora bien, en la práctica esto se vuelve un poco más complicado. Y es que la resistencia de la piel varía de una persona a otra de forma considerable, a lo que hay que sumar otros factores externos: el sudor, los baños frecuentes o los secados con toalla. Es por ello que deberemos aplicar el fotoprotector 30 minutos antes de la exposición y renovarlo, como máximo, cada dos horas, aunque esta renovación deberá realizarse más a menudo en el caso de fotoprotectores en formatos ligeros o en spray, que se evaporan antes.

 

Imagen: RobW_

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