A medida que el día va llegando a su final, decenas de personas se desplazan hasta el faro del Cabo de San Vicente, para el espectáculo gratuito que cada día tiene allí lugar.

Y es que la puesta de sol en este "finisterre" es un gran espectáculo que merece ser contemplado al menos una vez. Este cabo era conocido en la antiguedad clásica como el "Promontorium Sacrum", y siempre estuvo asociado a ciertos cultos y ritos ligados habitualmente al astro rey y los ritos fecundatorios. Para cristianizar estos cultos, se promovió la peregrinación hasta la tumba de San Vicente mártir, que estuvo enterrado en el lugar hasta que sus restos fueron trasladados a Lisboa en barco. En este viaje la nave estuvo guiada por unos cuervos, así que si véis en vuestra visita a Lisboa una bandera con dos cuervos a los lados sobre una embarcación, ya sabéis a qué se debe dicha representación.

Muy cerca anda la fortaleza de Beliche, con algún intento de restauración y habilitación, aunque su situación ha facilitado la destrucción por causas de ataques corsarios o por algunos terremotos. En la década de los años 60, los alojamientos de la guarnición fueron adaptados para funcionar como pousada. En el interior resiste todavía la capilla de Santa Catarina, mandada construir por el Infante D. Henrique. Nosotros podremos ir a andar entre sus rocas y bajar al mar a través de una larga escalera. Pero sobre todo, no os podéis perder la puesta de sol del cabo de San Vicente.

Fotos de Manuel González.

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