Para entrar en la ciudad, hay que flanquear sus impresionantes murallas

Lo habitual es entrar por la Puerta de Pile, que mantiene su puente levadizo. Antiguamente, el puente se levantaba de noche y la llave de la ciudad se le entregaba al príncipe. Avanzamos entre los muros defensivos hasta desembocar en Placa, el gran paseo peatonal. Delante está la fuente de Onofrio, construida en 1438 como parte de un sistema de abastecimiento de agua que la traía de un pozo a 12 km de distancia. Originalmente, estaba ornamentada con estatuas, pero desde el terremoto de 1667 solo conserva los 16 rostros que escupen el agua.

En el Museo y en el Monasterio Franciscano está la tercera farmacia más antigua de Europa, en funcionamiento desde 1391. La sinagoga también es interesante visitarla, pues es la segunda más antigua de Europa y la más vieja de las sefardíes.

La Torre del Reloj y el Palacio Sponza son también, entre otros monumentos, lugares donde detenernos. No debemos dejar ni una calle por recorrer, incluyendo el viejo puerto de la ciudad, que hay que imaginar pletórico de actividad en los tiempos de esplendor de la vieja Ragusa. Una cosa más que debemos hacer es rodear las ciudad por el paso de ronda de las murallas. Es un recorrido largo, necesitamos hacerlo sin prisas para poder contemplar la ciudad y las afueras desde un magnífico punto de vista. Por aquí llegaremos a la Torre Minceta, la mayor de todas las que vigilan la ciudad. Aquí entenderemos los motivos por los que esta ciudad es Patrimonio de la Humanidad, la importancia de sus murallas y el aumento de viajeros que se enamoran de la Perla del Adriático.

Fotos de Manuel González

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