La ciudad de Setúbal fue uno de los núcleos más importantes de la costa en la Edad Media, aunque poco podemos ver en su vieja ciudad de aquel pasado.

Y es que el gran terremoto de 1755 no respetó mucho su urbanismo, que sólo puede adivinarse por el trazado de sus estrechas calles. Algunas iglesias quedaron en pie, como la Iglesia de Sao Juliao o la Iglesia de Jesús, donde se encuentra instalado el Museo de Setúbal. Otro museo que posee la ciudad es el de Arqueología y Etnografía o el del Barroco, localizado en la Casa do Corpo Santo, cofradía de navegantes y pescadores, levantada en 1714. En todo caso, destaca en el centro de la vieja ciudad la gran plaza de Bocage, con el monumento a Manuel Barbosa, uno de esos personajes con una biografía apasionante.

Recomendable es pasearse cerca del puerto y buscar algún restaurante que prepare cualquier tipo de pescado fresco. Incluso podemos pasarnos de mañana por el colorido mercado para comprobar las capturas del día, además de echar un vistazo a los azulejos que nos reciben nada más entrar. Podemos cruzar en ferri a la península de Tróia, una larga barrera de arena que protege a la ciudad del mar casi por completo. En el extremo de dicha península contemplamos por desgracia moles hosteleras. Este tipo de construcciones pueden acabar con el atractivo natural que la zona ofrece al viajero.

Fotos de Manuel González.

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