Paseando por sus calles parece que Papá Noel va a salir volando en su trineo desde cualquiera de los tejados de las pintorescas casitas.

Rothemburg es un pequeño pueblo medieval situado en Baviera, Alemania, famoso en todo el mundo por su centro histórico. Y es que sus casitas en colores chillones, con flores en las ventanas, su pavimento irregular de piedras… Traslada a sus visitantes a un cuento de hadas.

¿Cómo se han conservado esta estética romántica hasta la actualidad? Rothemburg fue tomada durante la Guerra de los Treinta Años por el Conde Tilly, origen de la fiesta anual del Meistertrunk (trago maestro). Según se cuenta, Tilly ordenó el incendio de la ciudad y el alcalde de Rothenburg le ofrendó una jarra de vino de tres litros. Tilly, abrumado ante tal gesto, prometió respetar la integridad de la ciudad si alguien se bebía la jarra de vino de un solo trago. El alcalde se ofreció como voluntario y, para asombro de todos, logró la hazaña propuesta por el conde: apuró todo el contenido de la jarra en un solo trago. Así, la ciudad fue salvada de la destrucción, no obstante, después de que las tropas se marchasen, Rothemburg quedó paralizada, razón fundamental por la que sus edificios no se han renovado a lo largo del tiempo.

 

Rothemburg ha vivido desde entonces una larga historia, empañada por sucesos como el bombardeo por la fuerza aérea estadounidense durante la II Guerra Mundial, sin embargo, ha sabido sobreponerse a los altibajos y su casco histórico se ha conservado intacto hasta nuestros días.

 

Hoy, es una atracción turística de fama mundial, y cuenta con uno de los mercados navideños más entrañables de Europa: el Reiterlesmarkt. En Rothemburg la Navidad es el tema estrella, parece que sus habitantes viven permanentemente en estas fechas.

En ella encontramos además una de las tiendas más grandes del mundo de artículos navideños: Käthe Wohfahrt, fundanda en 1964 y que ha ido creciendo con el tiempo hasta formar un auténtico laberinto de inmensas estanterías, en el que se nos irán cruzando elfos (los dependientes van disfrazados). Es tan grande, que dentro de la tienda podemos visitar un pueblecito, con una plaza en la que se alza un árbol de Navidad gigante, y el Museo Alemán de la Navidad.

 

Como última curiosidad, Rothemburg ha sido protagonista de numerosas películas y sirvió a Disney como inspiración para crear Pinocho.

 Imágenes: Alaskan Dude, D'n'c.

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