Las personas celíacas tienen intolerancia al gluten que contiene el trigo, la cebada, la avena, el centeno y la espelta y sus derivados.

Podemos detectar la enfermedad si sabemos reconocer sus síntomas. Si en la familia existe algún otro caso, hay que contemplar muy seriamente la posibilidad de la celiaquía, ya que tiene un gran componente de tipo genético.

Los síntomas típicos de la celiaquía están relacionados con una mala digestión, el dolor abdominal, diarrea, náuseas, vómitos, falta de apetito, heces voluminosas, estreñimiento, etcétera.

Cada vez existen más síntomas asociados a la enfermedad que no están relacionadas con los procedimientos digestivos. Hablamos así de depresión, cambios de conducta, anemia, retraso del crecimiento y el desarrollo, lesiones en la boca,  dermatitis, cefaleas, etcétera.

En cada etapa son más típicos unos síntomas que otros:

  • Infancia: vómitos, diarreas, náuseas, falta de apetito, distensión abdominal, retraso del crecimiento y desarrollo.
  • Adolescencia: dolor abdominal, dermatitis, cefaleas, pubertad retrasada, pequeña estatura, anemia.
  • Adultos: irritabilidad, cambio de humor, estreñimiento, abortos múltiples, diarreas, migrañas, anemia, osteoporosis.

Para mayor seguridad no se recomienda la ingesta de alimento sólido a los bebés hasta los 8 meses.

Si se producen los síntomas prolongados, se suelen realizar unos análisis sanguíneos para detectar los marcadores asociados a la enfermedad. Posteriormente se confirma el diagnóstico realizando una biopsia del duodeno, dónde son más visibles los signos de la enfermedad en las vellosidades del intestino. 

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