Henry Brown fue un sheriff que dedicaba sus horas libres a negocios poco lícitos.

Henry nació en 1857, en Rolla, Missouri. Era huérfano, así que se crió en casa de unos familiares hasta los diecisiete años. Después se dirigió al Oeste, dónde trabajo como cowboy en Colorado y Texas. En uno de estos lugares mató a su primera víctima.

Para alejarse del incidente se trasladó al condado de Lincoln, Nuevo Méjico. Allí se metió de lleno en la “guerra de las dehesas”, que se desató en el bando de los reguladores. Fue contratado junto a Billy el niño, por el barón ganadero John Turnstall.

 Ambos y cuatro reguladores más, prepararon una emboscada al sheriff del pueblo, por matar a Turnstall. Tras el suceso tuvieron que esconderse unos meses por ser unos proscritos. Después de un tiempo los encontraron pero Billy y Henry pudieron escapar.

Algunos volvieron a Nuevo Méjico, pero Henry prefirió quedarse en Texas. Allí encontró trabajo como ayudante del sheriff en el condado de Oldham, pero le despidieron por pelearse con los borrachos.

Se presentó a la candidatura de sheriff de Caldwell y el alcalde le contrató diciendo: “Muy bien, acaba usted de firmar su funeral”. Los tres marshals anteriores habían muerto en acto de servicio. Así que se temía que nadie quisiera ocupar el puesto.

Nada más comenzar sus funciones, Henry mató a un par de hombres, uno por resistirse a su autoridad y otro porque le retó a un duelo. La paz volvió a las calles de Caldwell. La gente, agradecida, le regaló un Winchester grabado y engastado en oro que decía: “Por valiosos servicios rendidos a los ciudadanos de Caldwell”.

Aparentemente después de esto, Henry dejo todos sus vicios y se casó. Con el tiempo comenzó a endeudarse, así que para salir de esa situación reunió a una banda y decidió asaltar un banco.

El asalto salió mal y murieron el director del banco y el cajero. No les fue posible llevarse nada de dinero ya que el cajero consiguió bloquear la cámara acorazada.

En la huída se metieron en un cañón sin salida y fueron capturados. Los llevaron a la cárcel y Henry escribió una carta a su mujer, porque creía en la posibilidad de que los lincharan.

“Estoy en la cárcel. Quiero que vengas a verme tan pronto como puedas. Te mandaré todas mis cosas y puedes venderlas, pero quédate con el winchester. Me es duro escribirte esta carta, pero te la debía, a ti, dulce esposa, y al amor que siento por ti. Si la gente no nos mata esta noche, estaremos fuera una buena temporada. Maude, no he disparado a nadie y los otros tampoco querían matar a nadie; pero lo hicieron y eso es todo lo que se puede decir. Por ahora, adiós, mi amada esposa”

Unas horas después la gente linchó a los compinches de Henry y a él le dispararon por la espalda. Luego se cebaron con él acribillándole a balazos, una vez estaba muerto.

Información obtenida del libro Breve Historia del Salvaje Oeste; Pistoleros y Forajidos. Editorial Nowtilus.

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