Más allá de su parte más obvia y visible, pocos nos preguntamos cómo funciona un banco de alimentos, ¿quieres saberlo?

Como todos sabemos, los bancos de alimentos son organismos no gubernamentales basados en la solidaridad con las personas más necesitas, que se encargan de recoger alimentos, normalmente excedentes, y de distribuirlos.

 

Los alimentos que recogen estas organizaciones proceden de:

 

  • Empresas, tales como supermercados o tiendas de comestibles, que ofrecen de forma gratuita todos los excedentes que, de otra forma, se desperdiciarían, se destruirían. Esto es: todos los alimentos que se compran aun sabiendo que no se van a vender, como “reserva”, y todos aquellos que presentan algún desperfecto, como por ejemplo en el envase o en el etiquetado, pero que son perfectamente aptos para el consumo.
  • Distribuciones gratuitas de excedentes de alimentos del Fondo Social de la Comunidad Europea.
  • Donativos particulares, normalmente se hacen colectas periódicamente y cualquier persona interesada en ayudar, puede llevar sus aportaciones a distintos puntos de recogida (supermercados, iglesias, colegios…).

 

Una vez los alimentos han sido recogidos, se almacenan, se organizan (para tenerlos perfectamente localizados) y se distribuyen gratuitamente a centros de ayuda a personas necesitadas, de forma que sean consumidos antes del plazo de consumo preferente.

 

Todo este trabajo es realizado por auténticos profesionales, de forma completamente voluntaria, es decir, sin recibir ningún tipo de compensación económica.

 

Y ¿cómo se mantienen las infraestructuras? Como es obvio, a pesar de que los alimentos se reciben de forma gratuita y de que los profesionales que trabajan en el banco de alimentos no cobran, sí que se necesita dinero para mantener almacenes y transporte. Este normalmente procede tanto de aportaciones particulares como de subvenciones y ayudas económicas.

 

La labor realizada por los bancos de alimentos es un trabajo loable que hace de este mundo un lugar mejor.

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