¿Quién no ha visto una telenovela?, aunque sólo sea como actividad previa a la siesta. Todos y todas hemos visto algún capitulo o escena y todas coinciden en la imagen sumisa que se ofrece de las mujeres.

Las telenovelas son en su origen un producto latinoamericano, por lo que transmiten los valores sociales de esta cultura, en la que la mujer, aparentemente, vive en igualdad, pero la realidad es muy distinta, especialmente en el ámbito emocional y sentimental, temática de estos productos televisivos.

La telenovela mexicana “Fuego en la sangre” ha sido denunciada por asociaciones feministas, ya que son más de cincuenta escenas con un alto contenido en violencia de género. La figura de la mujer aparece siempre asociada a roles como la pureza virginal, con predisposición a ser humillada por el protagonista, o como una mujer perversa y manipuladora, mientras que el protagonista masculino no sufre el encasillamiento que sus compañeras de reparto.

Los guiones fomentan el mantenimiento de arquetipos machistas y reflejan patrones mentales, de los que ni siquiera somos conscientes. En la telenovela aceptamos rasgos y comportamientos machistas que en la realidad rechazaríamos de forma automática e inmediata. Una de las respuestas es que aún, y a pesar del proceso evolutivo en nuestro cerebro, a las mujeres les sigue atrayendo el macho dominante. En cualquier caso, el éxito de las telenovelas nos debe hacer reflexionar sobre roles y estereotipos, que a pesar de los avances legislativos siguen marcando de forma inconsciente nuestros hábitos.

 

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