La ciudad distinta a todas, no hay ninguna comparable a ella.

Venecia es un conjunto de islas, unidas por más de cuatrocientos puentes. Eso es venecia, un asentamiento sobre islas dentro de una gran laguna del Mar Adriático. ¿Fue una buena elección situar la que más adelante sería la capital del Reino de Venecia en terreno tan poco estable? Sus habituales inundaciones y las previsiones poco alagueñas en cuanto al aumento del nivel del agua parecen indicar que no, que no fue una gran elección. Pero todo tiene un porqué. Los germanos comenzaron a invadir la zona en el siglo V. Sus habitantes, los vénetos, huían hasta esta zona innacesible de islas en medio de la laguna. A partir de ahí, el comercio y la inteligente alianza con otros pueblos según convenía, hizo que alcanzara el esplendor entre los siglos XV y XVI, expandiéndose por todo el Adriático y desarrollando el comercio con Oriente.

Gracias a el esplendor de aquella época podemos disfrutar de la Venecia que pervive en su urbanismo, y que supo reunir a algunos de los artistas más destacados de la historia, como Tiziano, Tintoretto, Veronés, Tiepolo o Vivaldi. Pero también hay que fijarse en los pequeños rincones o las islas apartadas, la ciudad parece a veces inabarcable y serían necesarias semanas completas para poder apreciarla en su totalidad. En todo caso, si no conseguimos un alojamiento razonable en la ciudad, probemos a buscar "en el continente" y desplazarnos en transporte público a la ciudad.

No hace falta decir que en la ciudad de las calles de agua, el coche está prohibido y no tiene sentido. Si accedemos a la ciudad, cruzando la laguna por su gran Puente de la Libertad, podemos dejarlo en varios parkings por la zona de la Plaza de Roma. Otra cosa a tener en cuenta es el turismo. Sus callejuelas pueden estar atestadas de personas, por lo que habrá que vigilar el momento del año en que queremos visitarla. El calor también puede hacer mella en el viajero, y los mosquitos de la laguna no personan a las personas de piel delicada... Pero a Veneciar hay que ir, sin excusas.

Fotos de Manuel González

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