Siempre debes buscar el tono de maquillaje que más se parezca a tu piel.

Saca de tu cabeza la idea de aparentar que acabas de volver de la playa o de esquiar. La mejor forma de saber si el tono encaja con tu tono de piel es aplicarte un poco en la cara y ver cómo se funde con ella. Puedes aplicártelo en la mano o la muñeca, pero debes saber que no tenemos el mismo tono de piel en todo nuestro cuerpo, por lo que, a la hora de la verdad, el resultado puede variar. Lo mejor es ponerte un poco en la mandíbula.

Si no das exactamente con tu tono, siempre puedes pedir consejo a las dependientas expertas del propio establecimiento, o ve con alguna amiga que pueda asesorarte, pues ellas mismas verán tu cara de primera mano y podrán decirte si te queda bien o no. De todas formas, tú siempre debes tener la última palabra, nadie te conoce mejor que tú misma.

Siempre, si es posible, intenta ver el tono del maquillaje a la luz natural. Con las luces artificiales de las tiendas, en ocasiones las tonalidades de los maquillajes varían, y pueden provocar resultados poco satisfactorios.

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