Las etapas en la Fórmula 1 se reconocen cuando acaba y empieza un reinado.

El final de una era se reconoce por pequeños indicios. Hechos casi imperceptibles que erosionan hasta el  edificio más solido. Esto llevado a la Fórmula 1 es exactamente lo mismo, y se distingue cuando después de una larga etapa, alguien acostumbrado siempre a ganar, deja de hacerlo.

Este hecho más reciente pasó en la etapa de Michael Schumacher. Al final de la temporada 2004, el dominio de Ferrari con Schumacher al frente parece incontestable, arrasando en la escudería del cavallino. Quince triunfos del alemán, ocho dobletes, catorce vueltas rápidas, doscientos sesenta y dos puntos y por supuesto los títulos de constructores y pilotos. El año 2005 empieza con un equipo compenetrado a tope, y la casa de Maranello sigue con la etiqueta de escudería favorita, con su líder Schumacher, su segundo piloto Barrichello y un equipo de ingeniero y mecánicos muy compenetrados.

Todo hace prever una temporada de color rojo. Durante cinco años el equipo del cavallino ha sido como una muralla que ha roto todos los sueños y esperanza de los rivales, aunque a veces los cimientos más solidos, también pueden resquebrajarse. Como así sucedió.

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