Aunque no siempre lo hacen, por suerte para el mundo felino, la mayoría de las veces caen de pie. Todo depende de la altura, te explicamos por qué.

Los gatos, como todos los seres vivos, han ido desarrollando habilidades adaptativas innatas, una de ellas es la que les permite caer de pie desde grandes alturas. Este reflejo innato está relacionado con su capacidad de orientación y es conocido como “reflejo de enderezamiento”. Se manifiesta alrededor de los tres o cuatro años de edad y a partir de aproximadamente la séptima semana, es perfecto.

La posibilidad del gato de hacer uso de esta habilidad depende de la altura a la que caiga. Si supera los 3 m., es casi seguro que el gato caerá sobre sus patas, aunque si el recorrido es más pequeño puede que acabe aterrizando sobre su espalda. Y esto es porque durante la caída los gatos perciben la orientación correcta, diferencia lo que debería estar arriba de lo que debería estar abajo, y gracias a la flexibilidad de su espina dorsal y a la gran movilidad de sus patas, consiguen realizar un giro de 180º con su cuerpo. Claro, siempre que tengan tiempo para ello, de ahí la distancia aproximada necesaria de 3 m.

En este proceso también les ayuda la cola, que hace de timón y les ayuda a equilibrar su cuerpo antes del aterrizaje. Asimismo, durante la caída, suelen extender sus extremidades, haciendo resistencia al aire y frenando la caída, y, cuando están a punto de aterrizar, relajan su cuerpo para protegerse del impacto. Aunque no siempre salen ilesos.

 

Imágenes: Fabiancanosa, worak.

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