Antes de su inclusión final, la dieta mediterránea no fue aprobada en 2007 para la lista representativa del Patrimonio Inmaterial Cultural de la UNESCO.

La dieta mediterránea, cuyo nombre viene de la palabra griega diaita (modo de vida), no comprende solamente la alimentación, ya que es un elemento cultural que propicia la interacción social, habida cuenta de que las comidas en común son una piedra angular de las costumbres sociales y de la celebración de acontecimientos festivos.

El mar Mediterráneo, que abraza a todos los pueblos de su cuenca, conforma un conglomerado de paisajes, cultivos y formas de cultivar, de mercados, de elaboraciones, de espacios y gestos culinarios, de sabores y perfumes, de colores, de tertulias y celebraciones, de leyendas y devociones, de alegrías y tristezas, de innovación tanto como de tradiciones.

El 16 de noviembre de 2010 fue declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Previamente, en 2007, el Gobierno español propuso la candidatura de la dieta mediterránea para su inclusión en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, pero fue rechazada en la conferencia internacional que la UNESCO realizó en Abu Dabi.

La Fundación Dieta Mediterránea que organiza eventos, observatorios y actividades en torno a la dieta mediterránea nos explica la historia de este estilo vida saludable y mundialmente conocido:

- Los pueblos mediterráneos: Iberos, Celtas, Griegos, Romanos, Bárbaros y Árabes, todos han contribuido a establecer la actual “trilogía mediterránea” de pan, aceite y vino.

- Desde el Próximo y Medio Oriente llegaron al Mediterráneo los cereales, las legumbres, la zanahoria, la cebolla, los ajos, la ciruela, el melocotón, el cerezo, el albaricoque, el manzano, el peral, el nogal, el avellano y el castaño.

- De Europa provienen la remolacha, la achicoria, la col y los espárragos.

- Del Lejano Oriente, los garbanzos, el sésamo, el pepino, la berenjena, la mostaza, la albahaca, los cítricos y el mijo de India.

- Del Sudeste asiático y Oceanía el arroz, el romero, la pimienta, el sésamo, el cardamomo, el jengibre, la albahaca, el pepino, la sidra y la caña de azúcar.

- De África, el melón, la sandía y los dátiles.

- Y de América, el maíz, la judía, la patata, el tomate, el pimiento, el calabacín y la calabaza.

Pocas comidas mediterráneas serían imaginables sin estas aportaciones. Gracias a estas aportaciones, se configuró uno de los modelos alimentarios más saludables del mundo.

Respecto a los valores nutritivos, las propiedades saludables que se le atribuyen se basan en la constatación de que, aunque en los países mediterráneos se consume más grasa que en los Estados Unidos, la incidencia de enfermedades cardiovasculares es mucho menor. Las causas de tales propiedades parecen estar en el mayor consumo de productos ricos en ácidos grasos monoinsaturados, presentes en el aceite de oliva (que reduce el nivel de colesterol en sangre). También se atribuye al consumo de pescado, en especial pescado azul, rico en ácidos grasos omega 3 y, finalmente, al consumo moderado de vino tinto (por sus antocianos).

Algunos estudiosos determinan que la dieta mediterránea está asociada con un menor riesgo de deterioro cognitivo leve del envejecimiento, como durante la etapa de transición entre la demencia o deterioro cognitivo leve de la enfermedad de Alzheimer.

 

 

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