“Madiba”, como era conocido cariñosamente por sus compatriotas, es el símbolo de la justicia y del respeto entre pueblos.

El 18 de julio de 1918 nacía en Mvezo, un pequeño poblado de Sudáfrica, el que sería el primer presidente negro del país, el que sería el artífice de la muerte del opresor régimen del apartheid.

 

A pesar de que recibió una sólida educación, el joven Mandela que llegó a Johannesburgo para estudiar derecho, no era físicamente más que un rudo campesino, pero un campesino lleno de valores, indignado ante las injusticias que se cometían en su país hacia su gente, hacia el pueblo negro. A los 24 años, Nelson sería reclutado por Walter Sisulu para el Congreso Nacional Africano (ANC), del que pronto se convertiría en Presidente de su Liga Juvenil. Mandela ya apuntaba maneras, quería hacer algo grande, quería acabar con la ignominia del apartheid, e inició un desafío contra el sistema, una campaña en la que se rodearía de los medios de comunicación para unir a su pueblo. En 1952 los periódicos de toda Sudáfrica mostraban la fotografía de un muchacho negro con una sonrisa reluciente que quemaba su carné de paso, el distintivo del apartheid. La lucha había comenzado: miles de negros siguieron el ejemplo de Mandela.

 

Nelson pasó a liderar el Umkhonto we Sizwe, el brazo militar del ANC, el gobierno lo declaró  terrorista y tuvo que mantenerse en la clandestinidad, sin embargo, su vida exigía un silencio que no supo contener y acabó siendo detenido en 1962.

 

27 años y medio pasaría Mandela en la cárcel, 18 años de los cuales transcurrirían en una minúscula celda de Rodhe Island. Su condena supuso un alivio para él, esperaba pena de muerte y al final se resolvió en cadena perpetua, era una señal de que tenía que seguir luchando. La cárcel lo moderó, Mandela empezó a perfilar objetivos políticos realistas, lo importante no era la revolución armada, lo importante era conseguir para su pueblo los derechos de los que ya gozaban los blancos, era fundamental establecer derechos universales que consiguieran unir a Sudáfrica. Mandela entró lleno de furia en su celda y salió lleno de sabiduría.

 

Llegó a la conclusión de que había que convencer a los sudafricanos blancos para que acabasen ellos mismos con el apartheid. Sin perder jamás su dignidad ni sus principios, negoció en la clandestinidad con el gobierno del apartheid y el 11 de febrero de 1990, quedaría en libertad.

 

Desde el ANC consiguió el sufragio universal y, el 11 de mayo de 1994, pasaría de terrorista a convertirse en el primer presidente legítimo negro de Sudáfrica. Mandela consiguió construir la reconciliación entre negros y blancos en su mandato, sentó las bases de la nueva democracia: la paz y el respeto. Puede que el día más feliz de la historia de Sudáfrica sea aquél en el que la muchedumbre blanca coreaba su nombre en la final de la Copa de del Mundo de rugby en Johannesburgo.

 

Mandela consiguió unir los mil pedazos de un país roto, Madiba es una figura clave del siglo XX.

Original image URL: http://www.flickr.com/photos/lselibrary/4068121885/

Title: Nelson Mandela, 2000

Photo credit: LSE Library / Foter.com

1

¡Deja tu comentario!

Usamos cookies para mejorar, analizar las conexiones y mostrar publicidad. Si continuas, aceptas su uso. Más info aquí.