Cambiar nuestra manera de desplazarnos es el motor que puede frenar el cambio climático en el planeta. Con el uso de la bicicleta ganamos, además, tiempo personal.

En distancias urbanas de 10 Km. o menores (90% de los traslados diarios) los usuarios de la bicicleta tardan menos en llegar a su destino que los automovilistas.

Además de la velocidad y autonomía que otroga el uso de la bicicleta, se suma otro factor importante; la combinación de dos actividades en una sola, esto es, transporte y ejercicio.

El sedentarismo es actualmente una de las características que la vida en la ciudad impone a sus habitantes, y hacer ejercicio se vuelve una necesidad. Además de su inigualable eficiencia, la bicicleta nos permite ahorrar petróleo, ese importante recurso energético no renovable que podría ser utilizado en algo mucho más importante en lugar de quemarlo de forma ineficiente.

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