Es indudable la cara positiva de la aplicación de mensajería gratuita, sin embargo, un uso indebido puede llevar a serios problemas, especialmente entre adolescentes.

WhatsApp es una herramienta habitual entre grupos de todas las edades, pero es extremadamente inusual no encontrarla en el móvil de cualquier adolescente. Y es que, como se viene repitiendo a lo largo de la Historia, las nuevas generaciones se adaptan de forma vertiginosa a los cambios, sobre todo en el ámbito tecnológico.

 

WhatsApp cuenta con indudables ventajas: enviar mensajes, fotografías y vídeos, de forma instantánea y de manera casi gratuita. Se trata de un considerable avance en la comunicación interpersonal, no obstante, es importante utilizarlo de forma racional, pues es fácil que WhatsApp genere adicción si se usa de forma descontrolada.

 

Jóvenes y adolescentes están permanentemente conectados a WhasApp, pendientes de si reciben o no mensajes, de si sus contactos han recibidos los mensajes que les han enviado, de las últimas conexiones de sus contactos habituales… No sólo en solitario, sino también cuando están en compañía de otras personas. Es muy normal ver a un grupo de adolescentes, juntos físicamente pero dispersos, puesto que todos están enganchados a sus teléfonos móviles. Muchas veces llegan a utilizar WhatsApp como una herramienta de control: “¿Por qué no me has respondido? He visto tu última conexión,  has tenido que leer mi mensaje”.  

 

WhatsApp se convierte así en la principal distracción entre millones de adolescentes, que dejan de lado no sólo sus obligaciones, como los estudios, sino también otros intereses y aficiones. Esta dependencia de WhatsApp merma su capacidad de concentración, su rendimiento escolar e, incluso, genera ansiedad y agrava otros problemas de inestabilidad emocional o timidez extrema. WhatsApp tiene una repercusión directa y muy importante en sus vidas.

 

Por todo ello, es muy importante el control por parte de los padres, aunque, muchísimas veces, dichos padres también son adictos a la aplicación, y es que la adicción a WhatsApp no sólo afecta a los adolescentes, sino también a personas adultas. ¿Necesitas estar permanentemente conectado?

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