A pesar de que la expresión “estar en la cuerda floja” nos haga pensar en reminiscencias circenses, lo cierto es que se trata de una expresión muy castellana asociada en sus orígenes a los procesos judiciales.

A pesar de que la expresión “estar en la cuerda floja” nos haga pensar en reminiscencias circenses, lo cierto es que se trata de una expresión muy castellana asociada en sus orígenes a los procesos judiciales.

Hasta no hace demasiado tiempo, los sumarios judiciales (los expedientes completos correspondientes a un proceso seguido en un Juzgado) quedaban unidos mediante una cuerda o “guita” que se insertaba en cada una de las hojas que comprendían el sumario. De esta forma, cada vez que había que unir al expediente judicial un nuevo documento (fuera un escrito de alguna de las partes, alguna resolución del caso, etc.) había que desatar la cuerda, sacarla completamente del expediente, introducir el documento y volver a insertar la cuerda para que quedara debidamente unido al mismo.

En esos casos, se decía que el expediente estaba en la cuerda floja, para destacar que estaba abierto el sumario. De ahí que cuando una persona “estaba en la cuerda floja”, quería decir que era parte en un procedimiento judicial. Aún hoy, todavía se escucha la expresión cuando alguna de las partes en un proceso judicial no tiene muy claro cuál puede ser la solución del mismo. Aunque, claro, ya no se utilice ese sistema para manejar los expedientes judiciales.

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