La inmigración nos ha puesto frente a una realidad, común en otras culturas, las bodas forzadas.

Se considera matrimonio forzado aquel donde la presión es un hecho, el consentimiento lo da una tercera persona, y no hay consentimiento válido por ninguna de las partes. Se suele dar entre personas menores de 18 años.

Los motivos por los que se llevan a cabo este tipo de matrimonios son varios: reforzamiento de vínculos familiares, ideales religiosos, cumplimiento de antiguas promesas, control sobre la conducta de las mujeres y poder sobre las familias.

La realidad es que esconden, en la mayoría de los casos, prestaciones sexuales y garantías de salud para los varones, con miedo al contagio del virus del VIH- Sida.

Las bodas forzadas, son una forma de maltrato. En algunas tribus, se permite que todos los hombres de la familia violen a la novia y ésta se convierta en una esclava de la suegra. Este  tipo de uniones, suelen establecerse con niñas que no pueden prestar su consentimiento, con un objetivo, su sumisión y la construcción de su personalidad, carente de derechos.

Cada vez son más las organizaciones de derechos humanos que luchan contra esta práctica, importada a los países a los que emigran estas nacionalidades.

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