El Husky Siberiano es un perro originario de Siberia, que a comienzos del siglo XX fue introducido en Alaska.

El origen del Husky se localiza en Siberia y algunas zonas de Finlandia. La tribu “Chukchi” empleó a los huskys como animales de compañía, para el pastoreo y como perros de tiro para trineos.

El Husky llegó a Alaska a comienzos del siglo XX. Balto fue un husky sibieriano, que llegó a convertirse en un héroe en el estado norteamericano. Una grave epidemia de difteria asoló la ciudad de Nome y este husky logró atravesar el Estrecho de Bering, para abastecer de suero a la ciudad.

Los huskys se caracterizan por ser perros de tamaño medio, su peso oscila entre los 15 y los 30 kgs. Tienen gran parecido con los lobos grises. La máscara facial y el abdomen suelen ser de color blanco. El estándar de la raza permite gran variedad de tonalidades para el pelaje, que muda y se adapta al lugar en el que habita el animal. Los ojos de los huskys suelen ser castaños o azules e, incluso, uno de cada color (heterocromía).

Los “siberianos” se caracterizan por ser perros fieles y cariñosos con sus dueños. Aunque son animales acostumbrados a vivir en manada, pueden crear fuertes vínculos con su amo. Con los extraños y en situaciones de hipotético peligro manifiestan una actitud intimidatoria, aunque es raro que lleguen a morder.

El ejercicio físico diario es importante para esta raza canina. No obstante, es suficiente con una actividad moderada, salvo que se trate de un husky dedicado a la competición. En la raza son frecuentes los problemas oculares, tales como cataratas o glaucoma. Como siempre, las revisiones veterinarias y la detección precoz son las mejores aliadas del "Siberian Husky".

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