La mujer china vive en una situación de total discriminación por su sexo, potenciada por políticas sobre el control de nacimientos e hijos por pareja.

La sociedad china es tradicional y anclada en antiguas tradiciones, en la que ser varón es preferible socialmente.

Para las familias chinas, engendrar una niña se recibe como una carga. Esta situación se agudiza en el entorno rural, donde el número de suicidios de mujeres es muy elevado. China es el único país en el que el número de suicidios femeninos es superior al masculino.

Los derechos de las mujeres chinas han sido y son, sistemáticamente, violados. Ejemplos son el infanticidio femenino, el aborto selectivo o la compra de esposa. Esta última, es una práctica habitual, ya que en China el número de varones por mujer es muy alto, en una proporción de veintiocho hombres por una mujer.

La desproporción demográfica es el resultado de la política de planificación de la población llevada a cabo durante años. Esta medida ha puesto en valor al varón sobre la mujer, como único elemento válido en el relevo generacional, convirtiendo a las mujeres en cuidadoras permanentes a lo largo de toda su vida, que se desarrolla entre menores y personas mayores, con un carácter meramente asistencial.

La igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres no existe e incluso en la China moderna, las mujeres viven atrapadas entre una cultura milenaria y lo que les llega desde Occidente.

 

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